jueves, 21 de enero de 2010

De libros y otras cosas raras...

He decidido titular ésta entrada "de libros y otras cosas raras..." debido a la incómoda necesidad de algunas personas de ver en la lectura una buena forma de perder el tiempo. Ojalá una tercera parte del tiempo que una persona común gasta en ver televisión, la ocupara en tomar un libro y ojearlo, para saber que en sus páginas, más que letras y párrafos, hay cultura.

Es justo mencionar que leer enriquece el vocabulario y de ésta forma se podrían evitar errores como terminar algunas palabras de uso diario con una "S" final, que tan mal se escucha, y que muchos se dan el gusto de lastimar a la lengua española usando este lenguaje.

Por otro lado, es bien sabido que el hábito de la lectura en México no es el más arraigado, ni el de más tradición, y es por eso que mientras un sueco lee de 35 a 40 libros al año, un mexicano promedio no alcanza ni una décima parte de éstas cifras. ¿Acasó será que además de su culto por la religión católica, la invasión española también nos trajo analfabetismo? La respuesta puede ser afirmativa, si tenemos en cuenta que el índice de lectura de la antigua madre patria no es muy diferente a la mexicana, pero cabe mencionar que una buena parte de los libros que México importa, son de editoriales ibéricas, y es de saberse, que hasta apenas unas décadas atrás, la industria editorial no había tenido gran fuerza por esas tierras europeas.

La apatía por el gusto a la lectura no es un mal moderno, ni mucho menos hay que atribuírselo a las nuevas tecnologías. Debemos remontarnos un tiempo atrás, solo para recordar aquellas épocas de educación primaria, donde no existía una biblioteca como tal, y si la había, ésta era conformada por pequeños libros llevados por los alumnos, y quedaban bien apilados en cajitas de madera mal pintadas, a las que comúnmente llamamos "huacales", que nunca más serían tocadas por las inocentes manos, pero bien cumplían la función de adornar el salón.

Empieza el terror... y sí, así pasa cuando en la secundaria te dejan leer tu primer libro de más de cien páginas y sin dibujos. He ahí e primer acercamiento terrorífico con la lectura, cuando por obligación tienes que leer un texto que además de pesado por el hecho de ser a la fuerza, no logras digerir porque no estás preparado para tal o cual lectura. Entonces así de golpe y sin aviso, los profesores quieren formar un hábito que tenía que haberse forjado unos años atrás con lecturas que poco a poco fueran despertando el gusto por la interminable fuente de sabiduría, que los mortales llamamos, lectura.

Ha llegado a tal grado mi desilusión por la falta de lectores, que ya me da gusto encontrarme una persona en el metro que lea aunque sea "La imagen del éxito", "Padre rico, padre pobre", "¿Quién se llevó mi queso? etc, etc.

Sin embargo, no hay que hacer de lado a ese grupo selecto de personas que aún gustan de una buena lectura. Aquellos que a pesar de tener un día pesado, pueden sentarse a tomar un café y ocupar su descanso para leer esas páginas que dejaron pendientes.

Muchas veces, lo que falta para crear un país de lectores, es aquel empujoncito que permita desde pequeños, iniciar una vida ligada a la lectura, y a buenos libros, adecuados para cada edad, y sin obligaciones. Fomentar la lectura de modo agradable, como las excelentes campañas de la librería Gandhi, y por supuesto, apagar un rato el televisor, para encender los sentidos de la imaginación.