Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Quevedo.
En cada posición del campo se sufre, se vive y se siente la necesidad de tener el balón cerca de los pies. No pasa así con el portero. Cada vez que el rival se acerca con ella, es como cuando la persona que odias te echa en cara que está con la mujer que deseas. Pero el arquero demuestra indiferencia y aunque la pelota coquetee con el arco, logra atajarla. El otro puede juguetear con su figura y por muy mal que la toque, regresará a sus pies -la pelota-.
Cuando cae en sus redes, a diferencia de lo que pasa con el amor, el arquero prefiere sacarla rápido de su meta. Quiere deshacerse de ella, no quiere volver a verla cerca y la patea con odio lo más lejos que puede. Al portero podríamos llamarle "el héroe" del futbol, es el que menos la quiere, y el que se sale en hombros cuando ella no le hace daño.
Tiene una ventaja, puede prescindir de su compañía durante todo el juego y sentirse bien, seguro, como si nada le faltara. Tal vez sea el único en el campo que se sienta cómodo sin su presencia, aunque cuando la tiene en sus manos, se doblega y le besa cuando todos le dan la espalda.
En el medio campo, la pelota pasa de uno en otro, sin mirarlo, sin acercarse, sin hacerle un gesto de cariño al centrocampista. Hay días en que no la verá, y sin pena ni gloria pasarán los noventa.
Pero en el césped siempre habrá un "10" que conduzca el rumbo de la redonda, que la trate con elegancia, que sea cariñoso con ella. Él sabrá llevarla a la gloria aunque ella solo lo quiera como amigo. Su amor no siempre está con el que mejor la toque, sino con el que sepa qué hacer con ella en los momentos decisivos.
La mayoría de los partidos y de los amores, se ganan o se pierden en la mitad del campo. En el futbol, si el rival tiene la posesión, te acaba, y en el amor... también.
El delantero mantiene un romance profundo con la pelota. La busca, la intenta tocar con todas las partes del cuerpo permitidas para conquistarla. Podrán pasar días maravillosos, tener encuentros cada fin de semana y causar la envidia del rival. Pero como en el amor, todo se acaba. Cuando ella se olvida del punta no hay quien lo consuele. Será olvidado, sus fallas lo marcarán de por vida. Podrán pasar semanas, meses, temporadas sin su presencia.
La principal diferencia entre lo que le pueda pasar a un delantero y lo que le pase a un hombre enamorado, es que en el futbol, al final los dos se reencontrarán.
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