que nos regalamos.
El mismo que quitaste
de tu mano hace algunas semanas.
Lo hice para no recordarte,
y por algo tenía que empezar.
Aún no puedo quitarme tus besos,
quizás lo logre en unos días,
o jamás.
También estoy por borrar de mi mente
el tatuaje de tu cadera.
Quizá sea más difícil sacarlo de mi pensamiento
que de tu pálida piel.
que de tu pálida piel.
Pero estoy divagando de nuevo
en el terror de tu olvido,
y no quiero más
que empezar a borrarte,
como hiciste conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario