viernes, 11 de diciembre de 2015

La necesidad de lo innecesario



Como muchos, esta semana leí que Apple lanzó al mercado su Smart Battery Case para el iPhone 6S, algo que básicamente nos da a entender varias cosas:

La primera es que la compañía de tecnología de Cupertino, no ha tenido tiempo suficiente para pensar en una batería de alta duración para su smartphone.

Otra posibilidad es que el precio con el que se comercializa el iPhone no es suficiente para costear una batería que te permita tener un teléfono realmente inalámbrico.


Las dos son, básicamente, absurdas.


El Smart Battery Case no es inteligente ni novedoso. Simplemente, es el rediseño de un dispositivo que ya existe en el mercado (Mophie), pero con el costo de un producto diseñado por Apple.



Sí, alarga la batería del smartphone más vendido en el mundo, por 99 dólares ( o 1,999 pesos). ¿Sabes? Es como si el costo del teléfono no fuera suficiente para tener derecho a una batería que resista a los embates de Facebook y Whatsapp durante todo el día...


Lo cierto es que, lejos de ofrecer una funda inteligente, Apple exhibe las debilidades de un aparato que empieza a verse viejo frente a la competencia, a pesar de "renovarse" cada año.

Esta funda recargable es un parche a una vieja dolencia. Es como tomar un antigripal. Sí, te vas a sentir mejor, pero el virus seguirá en tu cuerpo. 

No es una solución, sino otro problema para el usuario. Otro dispositivo que debes conectar a la pared antes de ir a dormir mientras piensas: ¡Uff! Llegué a casa con 1% de pila.



miércoles, 24 de junio de 2015

Fútbol 1-0 Alzheimer

Ejercitar la memoria es uno de los mejores tratamientos para las personas que sufren la enfermedad de Alzheimer. 

Dicen que el fútbol cura muchos males, y este padecimiento neurodegenerativo no iba a ser la excepción. 

Por eso, la revista española Líbero lanzó el proyecto Fútbol vs Alzheimer, que tiene dos objetivos principales:

Uno. Apoyar la investigación contra este mal. Y dos. Ayudar a las personas que padecen la enfermedad.

Modificaron la edición de sus revistas para llevarlas al pasado. Es decir, hicieron números "retro" con textos e imágenes de noticias que ocurrieron entre los años 40 y 60. 

Estos los entregaron en los centros de ayuda contra el Alzheimer, y con algunos ejercicios de memoria, lograron que los pacientes recordaran esos hitos futboleros.

No cabe duda que "El Alzheimer borra la memoria, no la pasión".

Fútbol 1-0 Alzheimer 



lunes, 10 de noviembre de 2014

"Para que nada nos separe, Que nada nos una"...

Hoy quité el pulsito rojo
que nos regalamos.
El mismo que quitaste
de tu mano hace algunas semanas.

Lo hice para no recordarte, 
y por algo tenía que empezar.

Aún no puedo quitarme tus besos, 
quizás lo logre en unos días,
o jamás.

También estoy por borrar de mi mente
el tatuaje de tu cadera.
Quizá sea más difícil sacarlo de mi pensamiento
que de tu pálida piel.

Pero estoy divagando de nuevo
en el terror de tu olvido, 
y no quiero más 
que empezar a borrarte,
como hiciste conmigo.




lunes, 25 de agosto de 2014

Despedida sin final

Entonces comprendí que te amaba.
Hicimos que la noche nunca terminara.
Caminamos juntos de la mano, 
mostrándole al mundo y a la vez a nadie
que nos teníamos.

Pensamos en mil cosas
Todas siempre se quedaron en la mente
Y desaparecimos a la gente
En un beso sincero.

Cuando dormías junto a la pared
Tenías mis brazos para cobijarte
Y mis besos para despertar.
Era el defensor de tu sueño,
El que amaba verte soñar.

Despertábamos para amarnos
Como si fuera un ritual
Y limpiamos palmo a palmo nuestros cuerpos
Para volver a empezar.

Tuvimos qué ocultar lo que sentíamos
para no equivocarnos de nuevo.
Y lo hicimos.

Nos caímos juntos
Para que juntos nos pudiéramos levantar
Pero la vida es un instante
Y los instantes de pronto se van.





martes, 15 de abril de 2014

Luna de abril

Te pusiste roja cuando te miré. No era el único. La noche te brindó su espacio para contemplarte.

Verte tan bella dos veces al año es muy poco para alguien acostumbrado a mirarte con los mismos ojos. Hay cosas maravillosas que están frente a ellos y no las vemos. 

Lo cotidiano nos eclipsa la vista, tanto, que a veces perdemos la capacidad de asombro. Sin embargo, tú te das tiempo para deleitarnos de vez en vez.

Hoy eres roja, como la sangre que corre por las venas de un mortal. Coqueteas toda la noche y muestras, poco a poco, tu plenitud.

Te agradezco por dejarme verte una vez más. 

Nos vemos el 8 de octubre. Yo estaré puntual esperándote, como espera un enamorado.

martes, 1 de octubre de 2013

El fútbol, mi papá y yo

La primera vez que estuve en un estadio fue hace poco más de 13 años. Aún guardo el boleto de ese 30 de enero del año 2000, un Atlante vs Pumas en el Azteca.

Era domingo, mi papá y mi tío Carlos se animaron a llevarnos a ver un partido como se debe, no en la televisión, sino en la tribuna de un estadio. 

Salimos de la casa de mi tío en la colonia Guerrero en la camioneta pickup verde que mi papá usaba en su trabajo. Después de cruzar toda la ciudad llegamos a Santa Úrsula. Caminamos hasta la taquilla y ellos, los grandes, se encargaron de comprar los boletos. Éramos cinco, al final, otro primo se coló al ritual masculino de padres e hijos que significa ir al estadio de fútbol.

Entramos, era imponente. Ver el estadio desde una pantalla de 21 pulgadas no es lo mismo que tenerlo frente a ti. Yo tenía once años, no era tan niño, pero tampoco era un joven que pudiera asistir al estadio sin la supervisión de alguien, y qué mejor que de su padre.

Mientras escribo este recuerdo, se me vino a la cabeza una canción de Andrés Calamaro. Dice así: "Cuando era niño, y conocí el estadio Azteca, me quedé duro. Me aplastó ver al gigante, de grande me volvió a pasar lo mismo...".

De la mano de mi padre entré a aquel templo donde los más grandes futbolistas de la historia habían logrado lo que muchos no hacen durante su corta carrera. Pelé y Maradona, en ese orden, fueron campeones del mundo ahí. Jugaron en esa cancha, la hicieron mítica.

La primer imagen del césped la tuve desde el túnel que llevaba a los asientos que habían comprado. Yo disfrutaba cada momento que pasaba junto a mi padre.

Ese día el marcador no fue tan importante como lo que significaba para mi haber ido por primera vez con él a ver un juego. Pumas ganó 1-0.


La tarde fue redonda.

Luego conocimos juntos el Olímpico Universitario en CU acompañados de más familia. Pero tres años más tarde, ya en 2003, él y yo solos de nuevo en el Azteca, vimos jugar al Barcelona. 

Aquella vez fue más difícil convencerlo de ir al fútbol, y fui yo quien con unos ahorros junté lo suficiente para su boleto y el mío. No hacía falta alguien más.

Le proveí de una playera del Manchester United, yo usé una del Milán que un tío me había traído de su viaje por tierras lombardas. Ninguno usaba la del equipo que jugaba, pero era buena ocasión para portar la de algún club europeo.

Esa vez viajamos en metro, iba lleno. Estaba lloviendo, pero mojarnos un poco no iba a impedir que disfrutáramos el partido. Mi papá había ido a trabajar y yo a la prepa. Era justo lo que necesitábamos los dos para olvidarnos de cualquier cosa que haya pasado ese día. Yo realmente no pensaba en más. Sólo quería que dieran las 8:30 para entrar al estadio.

Me ilusionaba ver a jugadores como Ronaldinho, Márquez, Davids, Kluivert, etc. El brasileño había sido fichado por los blaugrana meses antes, y el boleto decía "Debut de estrellas". ¿Qué podía ser mejor?.

Desde aquel día siempre he pensado en que cuando tenga un hijo lo llevaré al estadio, y ojalá le quede un recuerdo tan inolvidable como el que hoy escribo.

Mi viejo compró refrescos para los dos. Era un miércoles, miércoles 1 de octubre de hace 10 años, el día que mi papá y yo regresamos al Azteca a ver un partido de fútbol.

martes, 28 de mayo de 2013

Lluvia de imágenes


Puedo decir que el domingo estuve en los noventa minutos que más imágenes dejaron en mi cabeza. Antes había visto a mis Pumas ser campeones contra Morelia en Ciudad Universitaria, la disfruté como nunca. Pero en esta final no apoyaba a ninguno, fui como aficionado y amante del futbol.

Me saltaré la parte en la que casi me deja fuera del estadio un mal sistema de venta de boletos. Al final entré, y quizá me tocó ver el juego desde el mejor lugar y no hablo de un palco o un asiento cercano a la cancha.

La lluvia me causó una confusión tremenda. Durante buena parte del juego, la asociaba con las lágrimas de los locales, que veían caer a su equipo en su propia casa. En la cabecera que estuve, las lágrimas eran de ansiedad, de añoranza. No es fácil pasar 16 años sin alegrías.

A mi lado derecho, un joven que coreaba todos, completos o no, los cánticos de la barra azul, la que aprendí se autollama "Del tablón". También aprendí que esa misma hinchada está predestinada a una historia, aunque cambien los actores.

Una playera celeste en la mano, una cerveza en la otra, no más de 20 años. Su cerveza terminó en mi suéter, ya mojado por el clima. Se disculpó pero no tenía por qué hacerlo. Yo entendí perfectamente que su euforia provocaría en algún momento una reacción así. 

Pasaron los minutos, quedaban treinta para el final. Mi bebida ya tenía más gotas de lluvia que de alcohol. El joven, seguro de la victoria de su equipo, hacía invitaciones al festejo del título. Sugirió el Ángel, pero el monumento no los esperaba a ellos. 2-0 parecía cómodo faltando tan poco y con un jugador más que el rival.

A mi costado izquierdo, un hombre originario de Mérida. Lo supe porque teníamos algo en común, no éramos aficionados de ninguno de los dos que disputaban el juego que veíamos. Yo sentado en la escalera, él en el último asiento de la grada. 

Me dijo: "¿la tuvieron muy fácil, no?", yo asentí. No teníamos idea de lo que sucedería. En voz baja criticábamos las frecuentes fallas del equipo visitante, se nos hacían un mal presagio. 

En ninguna de las finales pasadas (perdidas), los de la cruz en el pecho habían sentido tan de cerca un título como el domingo. No había mejor escenario para terminar con su malaria que dejando en ceros al rivalde Coapa y en su casa.

Al minuto 88' ocurrió lo que el resto del estadio esperaba desde la ida, cayó el gol... Fue un silencio en el que con el ambiente suspendido, me di el tiempo para ver cómo reaccionaban ambas aficiones. El silencio de todo el estadio duró el tiempo que tardó el balón en entrar al marco. Apenas un segundo, el segundo más largo. Luego todo fue esperanza para los de enfrente y el recuerdo más terrible para los que vestían de azul.

"No pasa nada, ya somos campeones, queda un minuto", no sé quién dijo. Me reí discretamente como recordando las otras finales perdidas por su equipo.

Las aficiones cambiaron de ánimo. El triste y callado azulcrema gritaba arengaba a sus once. El celeste se refugiaba en el gol que les quedaba de ventaja, pero ya veían cerca una debacle. Y pasó. 

El portero rival fue a rematar un tiro de esquina, su cabezazo estaba predestinado a irse por la línea de fondo pero un defensa le cambió el rumbo y lo puso de cara a la portería.

Las lágrimas o la lluvia, lo que haya sido, se volvieron más intensas. Habría más minutos para jugar, pero menos equipos, uno estaba en la lona. Jamás olvidaré ese momento en que el líder del visitante se tiró de rodillas en el centro del campo y golpeó al pasto como recriminándole algo.

Nadie tenía la culpa más que ellos. Lo demás es historia. No hubo goles hasta llegar a los penales. Recogí un impermeable que me compré a la entrada del partido, cuando iniciaba la lluvia. Ahora lo usaría para protegerme de cerveza, en el mejor de los casos. Una vez listo, comenzó el volado desde el manchón. Horas después leí que en las monedas hay un águila, no una cruz.

Después del primer tiro, llovía más fuerte, pero solo de este lado. Era quizá el llanto de una afición desesperada, desconcertada o quizá hasta ya acostumbrada al sufrimiento. Las burlas, amenazas, groserías que no había visto en todo el partido, cayeron precipitadamente.

En cinco minutos el futbol nos regaló tantas imágenes, de esas que no podemos ver por tv. Al salir fui al baño, desde donde escuchaba llantos desgarradores, como si alguien hubiera muerto. Tal vez sí era así, la que moría era la esperanza de una afición resignada a ser el primero de los perdedores, ese honorable sitio que tiene el segundo lugar.

Pd. Ya no tuve tiempo de ver al dueño festejar sin playera. Pero eso lo vi por televisión.





martes, 30 de octubre de 2012

Sin "Copa" no hay paraíso

Un año antes de que naciera Lionel Messi, un hombre de estatura y nacionalidad similar había ganado el Mundial en México. Maradona le dio al Nápoles los logros más importantes de su Palmarés. Messi no tuvo que poner en ningún pedestal el nombre del FC Barcelona pues la entidad culé ya era grande antes de su llegada, pero sin duda le ha dado una de sus mejores épocas.

Maradona también jugó en Barcelona, sin embargo su paso no fue tan brillante como en Italia. Marcó 115 goles en 259 partidos con los napolitanos, sólo una diana menos que lo hecho en su primer club como profesional, Argentinos Juniors.

"La pulga" ayer recibió La Bota de Oro como el mejor goleador de Europa en la temporada 2011-2012 de la Liga Española con 50 tantos marcados. Antes de finalizar el año, Messi seguramente también habrá logrado marcar más goles que los hechos por Pelé en un año (75). 

Tras recibir el galardón y asegurar que es un "premio grupal", el 10 de Barcelona y de la selección argentina se dijo contento de estar cerca de superar la marca de Edson Arantes en 1959. Un año antes de esa hazaña Pelé ganó el mundial en Suecia, repitió en Chile 62 y por supuesto en México 70.

¿Qué le falta a Messi para igualar o superar a Maradona y Pelé y convertirse en el mejor jugador en la historia del futbol?

Fácil. Ayer Lionel también señaló que cambiaría dos Botas de Oro por ganar un mundial. Eso le falta al joven rosarino, y claro, que la Copa se organice en México.

martes, 17 de julio de 2012

Encuentro con migrante


Salí del trabajo como todas las noches de martes. Fui a la tienda por un paquete de cigarros, prendí uno y subí al auto. Tomé el camino de siempre, doblé a la derecha y llegué hasta el semáforo que cruza con avenida Juárez. Llovía y la ventana del auto, apenas entreabierta, me dejó ver a un hombre de estatura mediana que con señas pedía ayuda. Por la zona en la que estaba, pensé que era un vagabundo que pediria dinero para poder consumir un poco de droga. No, no era así.

No tuve esa sensación que me da la gente de malas intenciones. Sabía que podía confiar en él, así que orillé el automóvil y apagué la música para poder escuchar lo que decía. El hombre necesitaba saber cómo llegar a Cuautitlán caminando. Le dije que a pie sería imposible. Me mostró un trozo de papel en donde tenía escrita una dirección; buscaba una casa migrante en Lechería, Estado de México. No podía mentirle, le dije que justo unos días atrás habían cerrado el lugar.

Con un rostro cansado me dijo que llevaba poco más de siete horas caminando y comenzó a contarme lo que había sucedido. Viajaba en un camión que lo llevaría hasta ese lugar y ahí tomaría el tren conocido como "La bestia" para ir a Sonora y luego cruzar a Estados Unidos. 

El camino comenzaba a complicarse. En un retén lo bajaron a él y a otros once migrantes centroamericanos, de los 49 que viajaban en el autobús. Les dijeron que si los agarraba migración los deportarían, pues no sabían leer ni escribir.

Seguía lloviendo, yo aún tenía el cigarro prendido. Tracé en mi mente el camino que él debía seguir. Saqué una libreta de la que pocas veces arranco hojas, tomé una pluma y le escribí su destino. Mientras yo anotaba, el hombre preguntó si bajaría aún más la temperatura. Cada vez que volteaba a verlo mi cabeza fotografiaba su rostro, su vestimenta, sus manos.

Usaba barba bien poblada, una camisa a cuadros entre azul y gris. No pude distinguirla bien por lo obscuro del lugar y por lo mojada que estaba su ropa por la lluvia. En las manos tenía un recipiente de unicel con algo de comida que le habían regalado. 

Terminé de escribir y le expliqué el recorrido. Debía tomar el metro y llegar hasta la estación Buenavista; de ahí tomaría el tren suburbano hasta Lechería. Le dije que yo no conocía el lugar. Apenas identificaba el nombre de la zona porque una novia que tuve en la prepa me dijo alguna vez que vivía por allá. Nunca la visité. Una vez ahí, podía preguntar cómo llegar a la casa migrante.

Por obvias razones le inquietaba el costo del recorrido. Tomé lo que traía en la bolsa y se lo dí, no pasaban de 15 pesos. Nuevamente preguntó por las condiciones del clima, y contesté que probablemente seguiría lloviendo toda la noche, que era mejor que esperara a que amaneciera y entonces continuara con su camino.

Antes de despedirnos le pregunté sobre su origen, era del Departamento de León, en Nicaragua. Me llamaba hermano cada vez que quería preguntar algo. Le dí los papeles con la ruta escrita, los guardó en la bolsa de su camisa. Se hizo un lío con el recipiente que tenía en las manos para estrechar la mía, agadecer la ayuda y bendecirme. 

Su mano era de una persona trabajadora, fría, rasposa. Le desee suerte en su camino subí la ventana y arranqué. 

El trayecto a casa ya no fue el mismo. Sabía que había ayudado a alguien, pero no lo suficiente. Bien pude subirlo al auto y llevarlo a la estación del suburbano. No lo hice. También pude darle un poco más de dinero, tal vez para que tomara un café, comiera algo y pudiera realizar el recorrido. Hice sólo una parte de lo que debí hacer. El me llamó hermano y no le respondí como tal. 

Apenas el lunes leí en el diario la crónica de una compañera reportera que contaba la historia de una migrante guatemalteca varada en Coatzacoalcos, Veracruz que esperaba "La bestia" con el mismo objetivo de aquel hombre. Fue entonces cuando fui plenamente consciente del fenómeno migrante. 

No son sólo ellos dos quienes viajan horas, caminan días, pasan hambre, frío, humillaciones, vejaciones y discriminación para poder cruzar a Estados Unidos. A esta hora de la noche lo único que pude hacer es escribir lo que me ocurrió.

PD. Nunca supe su nombre.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Resumen de noticias

Hoy me desperté para no soñar contigo.
Me bañé para sacarme de encima el olor de tu piel.
Saqué al perro para apartarme del móvil esperando tu respuesta.

Me corté el cabello para no dejar que lo acaricies.
Planché una camisa para ocultar tus huellas.
Caminé al transporte para no usar el auto en el que viajamos juntos.

Escribí estas siete líneas para no pensarte, y no lo logré.




domingo, 13 de mayo de 2012

Por amor, al futbol

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente, 
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Quevedo.


En cada posición del campo se sufre, se vive y se siente la necesidad de tener el balón cerca de los pies. No pasa así con el portero. Cada vez que el rival se acerca con ella, es como cuando la persona que odias te echa en cara que está con la mujer que deseas. Pero el arquero demuestra indiferencia y aunque la pelota coquetee con el arco, logra atajarla. El otro puede juguetear con su figura y por muy mal que la toque, regresará a sus pies -la pelota-.

Cuando cae en sus redes, a diferencia de lo que pasa con el amor, el arquero prefiere sacarla rápido de su meta. Quiere deshacerse de ella, no quiere volver a verla cerca y la patea con odio lo más lejos que puede. Al portero podríamos llamarle "el héroe" del futbol, es el que menos la quiere, y el que se sale en hombros cuando ella no le hace daño.

Tiene una ventaja, puede prescindir de su compañía durante todo el juego y sentirse bien, seguro, como si nada le faltara. Tal vez sea el único en el campo que se sienta cómodo sin su presencia, aunque cuando la tiene en sus manos, se doblega y le besa cuando todos le dan la espalda.

En el medio campo, la pelota pasa de uno en otro, sin mirarlo, sin acercarse, sin hacerle un gesto de cariño al centrocampista. Hay días en que no la verá, y sin pena ni gloria pasarán los noventa.

Pero en el césped siempre habrá un "10" que conduzca el rumbo de la redonda, que la trate con elegancia, que sea cariñoso con ella. Él sabrá llevarla a la gloria aunque ella solo lo quiera como amigo. Su amor no siempre está con el que mejor la toque, sino con el que sepa qué hacer con ella en los momentos decisivos.

La mayoría de los partidos y de los amores, se ganan o se pierden en la mitad del campo. En el futbol, si el rival tiene la posesión, te acaba, y en el amor... también.

El delantero mantiene un romance profundo con la pelota. La busca, la intenta tocar con todas las partes del cuerpo permitidas para conquistarla. Podrán pasar días maravillosos, tener encuentros cada fin de semana y causar la envidia del rival. Pero como en el amor, todo se acaba. Cuando ella se olvida del punta no hay quien lo consuele. Será olvidado, sus fallas lo marcarán de por vida. Podrán pasar semanas, meses, temporadas sin su presencia.

La principal diferencia entre lo que le pueda pasar a un delantero y lo que le pase a un hombre enamorado, es que en el futbol, al final los dos se reencontrarán.

lunes, 16 de enero de 2012

Exilio holandés


El ex madridista Royston Drenthe habló hoy nuevamente ante un medio holandés de su salida de la Casa Blanca y de la relación que mantenía con el "míster" José Mourinho, de quien por cierto dijo que, "no volvería al Madrid mientras él esté".

En la entrevista, Drenthe dice que el trato a sus compatriotas por parte del técnico portugués no fue el más correcto, y cuestionó que por ejemplo, Sneijder (Inter), haya salido del Real Madrid para cumplir el capricho de Florentino de traer a Kaká, pues desde que se fue del Bernabéu el 10 de los bianconeri ha brillado con luz propia.

El caso de Sneijder se suma también al de otros jugadores tulipanes que han salido por la puerta de atrás de Chamartín, como Van der Vaart (Tottenham), Huntelaar (Schalke 04) o Robben (Bayern Munich), todos con una temporada o menos vistiendo de blanco.

Por el contrario, la legión portuguesa y brasileña se ha beneficiado de este exilio, pues de la plantilla, en el primer equipo al menos cinco jugadores son de esas nacionalidades.

Desconozco si Mou tenga algún resentimiento contra los holandeses, pero no es la primera vez que uno o varios jugadores se quejan de sus formas. Bajo el mando de JM también salió Raúl (Schalke 04), ícono del Madrid y quien contaba con contrato vitalicio con el club, al igual que Guti, quien hoy busca equipo que quiera hacerse de sus servicios.

Lo que nadie cuestiona es que, con la plantila que conformó, Mourinho tiene a los merengues en la cima de la liga y con cinco puntos de ventaja sobre su más cercano seguidor, Barcelona. Así, dudo que en Madrid se extrañe a alguno de los subcampeones del mundo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Sí Pujols, estás entre los grandes.

Ganen o no la Serie Mundial, los Cardenales de San Luis ya tienen un lugar en la historia del béisbol profesional, y ese lugar se los dio el dominicano Albert Pujols, quien hoy redondeó la gran noche de su equipo en Arlington con tres palos de vuelta entera en el tercer juego del clásico de otoño.

Cardenales ya ganaba con comodidad el partido por 15-7 en la alta de la novena entrada cuando Pujols se paró en la caja de bateo y con cuenta de una bola y dos strikes conectó al relevista de Texas un batazo de 423 pies que le abrió la puerta del paraíso.

Era el tercero de la noche, ese que colocaba al primera base de los Cardenales al lado del "bambino" Babe Ruth, y de Reggie Jackson, hasta anoche, los únicos dos jugadores con tres jonrones conectados en un juego de Serie Mundial. Ruth lo hizo 1926. Jackson repitió la hazaña 51 años después, tal y como lo hizo Pujols, con dos vuela-bardas en turnos seguidos.

Lejos de criticar el mal picheo por parte de los Rangers, y de la tonelada de carreras y errores que regalaron, es mejor que los reflectores vayan hacia el dominicano que ya es parte de un selecto grupo del que a partir de hoy puede presumir.

Será difícil que alcancemos a ver que un jugador conecte de HR tres veces en el mismo juego, y más si éste es del clásico de otoño, así que solo queda disfrutar y guardar en la memoria el batazo que hoy puso a Pujols en la historia.

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿De verdad Neymar vale $55 millones?


Cuando comenzó a rodar la pelota, no existían clubes, ni dinero a cambio de jugadores. El futbol era puro, eran veintidós hombres batiéndose en el lodo por meter la pelota en las redes. Los partidos duraban horas, días.

Más tarde nacieron los clubes, y los jugadores comenzaron a recibir un ingreso por hacer lo que antes era un pasatiempo. Ese ingreso los hizo cautivos de un régimen que, al principio era noble, y que con el tiempo se convirtió en un cruel tirano.

Cuando comenzó la época profesional, la gente pagaba unos centavos, tal vez pesos por ver los partidos de aquellos equipos que hoy son los grandes clubes del futbol mundial, esos que ganan partidos, ligas, copas. Hoy, ser aficionado cuesta más y cada vez hay menos futbol.

La pelota se internacionalizó, se hizo profesional, y entonces los jugadores se convirtieron en moneda de cambio, en mercancía. El primer fichaje no alcanzó los quinientos mil dólares, y hubo quienes tacharon de irresponsable la cifra.

Por eso cuestiono que un jugador brasileño, con apenas 19 años, y dos como jugador profesional, cuesta más de 55 millones de dólares. Los clubes que pasan crisis económicas son los mismos que tasan así a los jugadores. Son los que"blindan" a sus estrellas con cláusulas de rescisión, explotan su imagen, piden derechos de formación, etcétera.

No pongo en duda la calidad de Neymar, el delantero del Santos de Brasil y de la canarinha, pero ¿cuántas ligas ha ganado?, ¿cuántos trofeos personales ha obtenido?, ¿cuántas copas del mundo?. Neymar es una promesa que ha movilizado al país amazónico, incluso al gobierno, para impedir el Real Madrid, el Barcelona, el Manchester o el Chelsea lo estrenen en el próximo mercado de piernas. Lo quieren en su país hasta 2014, pero ¿para qué?.

Las empresas que han invertido en el próximo mundial ven en el juvenil brasileño una atracción. Sí, como cuando el circo anuncia al hombre más fuerte del mundo, o al que atraviesa el aro de fuego en motocicleta. Su carrera no depende de él, sino del dinero que genera.

Neymar obtiene regalías hasta por respirar, tiene más de veinte contratos en su país, está más amarrado que un corsé del siglo XV. Pero ¿qué vende el muchacho?, ¿un par de regates por partido?, ¿eso vale 55 millones?.

No hace mucho vendían a Robinho, ex jugador de Santos, como el nuevo Pelé. Misma etiqueta con la que carga Neymar da Silva Santos Júnior. Robinho, llegó al Madrid y no brilló con la misma luz con la que arribó al Bernabéu, porque esa luz era más de reflectores que propia. Hoy, seis años después, varios de ellos deambulando en Inglaterra, encontró acomodo en Milán, donde posiblemente pase sus mejores días.

Santos hizo un negocio redondo, posiblemente tenga otro entre manos, y mientras más creyentes se sumen a la puja, más billetes habrá que desembolsar.

Lástima que los jugadores, no tienen garantía ni hay devolución de su dinero, como lo tendría cualquier otro producto.

domingo, 17 de julio de 2011

River, la B y la sele...

Hace unos días leí una entrevista que el diario El País le hizo a César Luis Menotti, jugador argentino y director técnico que ganó la Copa del Mundo dirigiendo a la albiceleste en 1978. En el texto, el "flaco" criticaba a los directivos del futbol mundial de haber prácticamente "vendido" la pelota.

Menotti señala también que le cuesta ver cómo es que varios equipos históricos cada uno en sus respectivas ligas sufren una debacle ocasionada por el capitalismo que, en palabras suyas, desde los años 70 ha destruido todo lo que le rodea. Menciona la historia del Cádiz, club del que se dice amante, y me hizo recordar inevitablemente el reciente descenso de River a la B.

¿Qué le pasa al futbol?. El ex técnico de los millonarios afirma que los dueños dejaron de ver el juego como un revulsivo de ánimos para la sociedad y miraron más hacia las sociedades anónimas. El resultado: en los estadios ya no hay aficionados, hay espectadores, asegura.

Hoy River hace pretemporada para iniciar una nueva etapa, desconocida hasta entonces para la entidad platense, jugar en la liga de ascenso, que para disminuir el dolor la llamaron Nacional B. Buena parte de Argentina se pasmó al ver cómo el histórico club caía en casa contra el modesto Belgrano. Uno aferrado a dejar el infierno, y el otro resignado a vivirlo.

Y en un rato libre, un colega me pasó un video de un aficionado de River, que solo demuestra lo que el "flaco" decía: el futbol ya no es de la gente, se lo arrebataron. La frustración no cabía en el viejo, que se cagaba en la "puta que lo re mil parió" y en su padre, que lo hizo hincha de River.

Reclamaba, con justa razón, a los artífices de la tragedia. Sus hijos reían, mientras él, con coraje gritaba en la sala de su casa: "estamos en la B".

No parecen buenos tiempos para el balompié albiceleste. Aún con nuevo técnico, de quien Menotti dice que tiene buenas ideas, la "sele" está viendo su suerte. Bueno sería que ganara, aunque su juego no convenciera, pero los propios argentinos llaman a su 10, a Messi, "apátrida".

La más reciente catástrofe ocurrió en su propia tierra. La Argentina a la que Menotti hizo campeona cayó, pero no como los grandes. Cayó en Santa Fé, sede del Colón, ante un Uruguay lejano al de hace un año en Sudáfrica. Lo hizo de la manera más cruel para el hincha, en la tanda de penales. Tévez falló el tercer tiro desde el manchón y ahí llevó la penitencia. Uruguay acertó todos, y amarró las semifinales de la Copa América Argentina 2011; Sí, la copa que la "sele" estaba obligada a ganar.

Messi no brilla con la albiceleste; no tiene a Xavi, Iniesta o Pedro. Tiene que aprender a jugar con los argentinos como lo hace con los españoles y no al revés.

Si hay algo en lo que César Luis Menotti tiene razón es que, Batista no puede ser Guardiola aunque se lo pidan, porque como dice el flaco, ¿creen que es fácil cantar como Serrat?.




sábado, 9 de julio de 2011

Causas y azares

Era más fácil cuando solo la veía de vez en vez, o cuando su presencia no causaba lo que hoy provoca... Lamentablemente, me gusta lo difícil, así se ha regido mi vida.

Ahora, verla se ha convertido en una batalla de arrogancia. ¿Por qué cuando las cosas marchaban tan bien?.

Siempre he creído en que las cosas del pasado se deben quedar ahí y no marcarnos más tiempo del que duraron.

He pasado los últimos años de mi vida conociendo mujeres de todo tipo. La historia ha sido la misma. Ninguna de ellas ha movido mi interés más allá de una charla y un café.

Luego pensé que debía estar solo, un poco más. ¿Más?, me pregunté. ¿Y por qué no?, me respondí. Si me he disfrutado tanto y he hecho cosas que nunca hubiera imaginado. La soledad no es tan mala como creí.

Y así, cuando ya esa forma de vivir no me molestaba, apareció. ¿Por qué no antes?, ¿por qué ahora?, ¿por qué no después?. Así, sin más, la conocí. Debo confesar que mis expectativas no pudieron ser más acertadas.

Poco o nada sabía de ella. Esa tarde se convirtió en un conjunto de virtudes. Ahora se aprovecha de ellas.

Nunca me ha dado temor iniciar algo. Estaba dispuesto a todo, y así lo hice. Accedía sin reparo a sus condiciones, y aprendí a quererla en un tiempo récord. Mala señal.

Llegaron sus besos.... no hay que haber besado mil labios para darse cuenta cuáles son los que van con uno. El momento era ideal, y en medio de un ósculo prolongado, sonreí. Aunque lo sabía, preguntó por qué el gesto. Mi respuesta tuvo que esperar... (continuará, cuando vuelva a tener ganar de escribir de ella)







lunes, 31 de enero de 2011

Si Messi fuera español

Según la FIFA y la revista France Football, Lionel Messi es por segunda ocasión consecutiva el mejor jugador del mundo, esto sin tener en su palmarés tal vez el único torneo internacional que le falta: la Copa del Mundo.

Lio obtuvo este galardón gracias a las grandes temporadas que tuvo (o tiene) con el Barcelona; un equipo con base catalana, dirigido por un catalán, y con una ideología de juego que ha marcado la pauta del futbol internacional por lo menos los últimos cinco años.

Las críticas al argentino por su desempeño con la albiceleste han pasado de noche frente a las grandes actuaciones que ha ofrecido con su club. Sin embargo, hay una razón para que Lionel no brille de la misma manera en la selección, que es, no tener a los dos orquestadores que llevaron a España al título mundial.

Xavi e Iniesta son gran parte del éxito que "la pulga" ha obtenido en su corta carrera como profesional. No es casualidad que ambos hayan estado en la terna para elegir al mejor jugador del planeta, pero la facilidad de Messi para definir frente al marco rival, enamoró las pupilas de los jugadores de todo el mundo que votaron por él por encima de los orquestadores de Catalunya.

Parecería ver a un Barcelona pleno cuando los tres juegan juntos. Separados, la historia es diferente. Los españoles siguen jugando al "tiqui, taca" que marea a cualquiera, y el 10 argentino sufre en el césped al no tener quien le surta de balones en el mediocampo albiceleste.

Es por eso que cuando "la furia española" aún no terminaba de festejar su triunfo en la Eurocopa, dos años después se encontró con la Copa del Mundo, y coronó un año en el que dominó la clasificación mundial de la FIFA. Mientras, Alemania se aprovechaba de una desequilibrada Argentina, que fue, sin nacionalismos, un espejismo ante México.

Afortunada o desafortunadamente, a España no le hace falta un Messi en su equipo, pero si el rosarino fuera ibérico, seguramente ya estaría en la élite de jugadores que ganaron todo en su carrera, pero con una ventaja más, esa que le da tener sólo 23 años, una habilidad envidiable y una humildad de admirar para llevar en su dorsal el 10 que Maradona portó.

jueves, 21 de enero de 2010

De libros y otras cosas raras...

He decidido titular ésta entrada "de libros y otras cosas raras..." debido a la incómoda necesidad de algunas personas de ver en la lectura una buena forma de perder el tiempo. Ojalá una tercera parte del tiempo que una persona común gasta en ver televisión, la ocupara en tomar un libro y ojearlo, para saber que en sus páginas, más que letras y párrafos, hay cultura.

Es justo mencionar que leer enriquece el vocabulario y de ésta forma se podrían evitar errores como terminar algunas palabras de uso diario con una "S" final, que tan mal se escucha, y que muchos se dan el gusto de lastimar a la lengua española usando este lenguaje.

Por otro lado, es bien sabido que el hábito de la lectura en México no es el más arraigado, ni el de más tradición, y es por eso que mientras un sueco lee de 35 a 40 libros al año, un mexicano promedio no alcanza ni una décima parte de éstas cifras. ¿Acasó será que además de su culto por la religión católica, la invasión española también nos trajo analfabetismo? La respuesta puede ser afirmativa, si tenemos en cuenta que el índice de lectura de la antigua madre patria no es muy diferente a la mexicana, pero cabe mencionar que una buena parte de los libros que México importa, son de editoriales ibéricas, y es de saberse, que hasta apenas unas décadas atrás, la industria editorial no había tenido gran fuerza por esas tierras europeas.

La apatía por el gusto a la lectura no es un mal moderno, ni mucho menos hay que atribuírselo a las nuevas tecnologías. Debemos remontarnos un tiempo atrás, solo para recordar aquellas épocas de educación primaria, donde no existía una biblioteca como tal, y si la había, ésta era conformada por pequeños libros llevados por los alumnos, y quedaban bien apilados en cajitas de madera mal pintadas, a las que comúnmente llamamos "huacales", que nunca más serían tocadas por las inocentes manos, pero bien cumplían la función de adornar el salón.

Empieza el terror... y sí, así pasa cuando en la secundaria te dejan leer tu primer libro de más de cien páginas y sin dibujos. He ahí e primer acercamiento terrorífico con la lectura, cuando por obligación tienes que leer un texto que además de pesado por el hecho de ser a la fuerza, no logras digerir porque no estás preparado para tal o cual lectura. Entonces así de golpe y sin aviso, los profesores quieren formar un hábito que tenía que haberse forjado unos años atrás con lecturas que poco a poco fueran despertando el gusto por la interminable fuente de sabiduría, que los mortales llamamos, lectura.

Ha llegado a tal grado mi desilusión por la falta de lectores, que ya me da gusto encontrarme una persona en el metro que lea aunque sea "La imagen del éxito", "Padre rico, padre pobre", "¿Quién se llevó mi queso? etc, etc.

Sin embargo, no hay que hacer de lado a ese grupo selecto de personas que aún gustan de una buena lectura. Aquellos que a pesar de tener un día pesado, pueden sentarse a tomar un café y ocupar su descanso para leer esas páginas que dejaron pendientes.

Muchas veces, lo que falta para crear un país de lectores, es aquel empujoncito que permita desde pequeños, iniciar una vida ligada a la lectura, y a buenos libros, adecuados para cada edad, y sin obligaciones. Fomentar la lectura de modo agradable, como las excelentes campañas de la librería Gandhi, y por supuesto, apagar un rato el televisor, para encender los sentidos de la imaginación.